Recoleta, una tarde.
Hay tardes en Buenos Aires que parecen escritas. La luz baja entre los edificios franceses, las hojas amarillas tapizan el cordón y el viento se mueve apenas, como pidiendo permiso. Así fue la pre-boda de Gaby y Ana: un paseo por Recoleta en pleno otoño, sin guion, dejando que la ciudad las acompañara.
Por Lucas Todaro · Fotógrafo de bodas en Buenos Aires
El café,
la luz entra de costado, una taza humea entre risas. Todo lo que hay que decir cabe en un gesto: las manos sobre la mesa, una mirada del otro lado.
Hay manos que ya saben
todo lo que viene.
— Lucas Todaro · Pre-boda · Recoleta
Reírse de cerca
Cuando una se ríe, la otra ya estaba riendo. Eso, también, es estar enamoradas. La pre-boda no se trata de poses: se trata de capturar la temperatura real entre dos personas.
Salimos a caminar y el sol se puso de nuestro lado.
Recoleta, contraluz. La hora dorada en Buenos Aires dura poco, pero alcanza para todo lo que importa.
Caminar también
es decir te quiero.
Otoño.
Recoleta tiene un color en abril. Las hojas se caen como si supieran que algo importante está por pasar. Para una pre-boda, no hay mejor escenografía que la que arma la propia ciudad.
Caminar despacio,
mirar de costado.
Los autos antiguos aparecen solos cuando uno camina por estas cuadras. Recoleta tiene memoria: balcones afrancesados, fachadas blancas, y entre todo eso, ellas.
Quédate.
Sin apuro, en el medio de Recoleta. La pre-boda termina, pero la escena se sostiene un rato más, como esas tardes que uno no quiere dejar ir.
El día se va — la mano,
se queda.
Lucas Todaro · Pre-boda · Recoleta · MMXXVI
Reservá tu pre-boda.
Si querés una sesión así — sin poses forzadas, con luz real, dejando que la ciudad cuente parte de la historia — escribime y armamos la tuya.